Dicen que el amor es para rebeldes. O al menos, que solo ellos encuéntran el verdadero amor. Porque arriesgan, sufren, ganan, pierden, follan, beben, fuman, hacen lo que quieren, como quieren y con quien quieren. En cambio, la gente sumisa no suele asumir riesgo, les da tanto pánico perder lo poco que ya tienen que se conforman con eso para el resto de sus vidas. Luego mueren amargadxs y en sus tumbas donde no hay ni un maldito ramo de flores. ¡Pobres humanos! Siempre buscando lo que ya tienen, siempre ciegos ante la verdad o la felicidad. La gente que le tiene miedo a la muerte es estúpida. La muerte es hermosa. Es algo fantástico, tan placentero e insatisfecho. Y sí, digo insatisfecho porque una vez pruebas un trozito de muerte quieres más y más, y la muerte es peor que la heroína o el crack, es una droga tan fuerte que no puedes dejarla nunca. Siempre quedan secuelas, visibles e invisibles. La gente sumisa no quiere escuchar, leer o saber que es la muerte, porque no la han probado, no la han visto, no la han sentido en su propia piel. Y no estoy recomendando que la prueben, no es algo sano. En absoluto que es sano, la muerte es...la muerte. Es algo tan irracional que te se cala en tus huesos, en tu mente, en tu corazón. Juega contigo, te hace sentir como él quiere, te domina por completo. No hace falta esnifar o pincharte para sentirla. Oh no... Hace falta fuerza de voluntad y una mente enferma para saber lo que es. Y os relato que es la maldita muerte para que no la probeis. Ni siquiera la mireis a los ojos, os innotiza. Y he empezado hablando de amor y termino hablando de mi amigo la muerte, pero ya sabeis lo que dicen, la vida da muchas vueltas (o la muerte).
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